Hace años que sueño con un lobo.
Aunque más que un sueño, es una visión.

Una especie de regresión recurrente que me lleva a otra época. A otro lugar.

La visión transcurre en un bosque oscuro, pero familiar.
Un lugar al que acudía de pequeño con mi familia. Un lugar en el que, de alguna manera, todavía reside una parte de mi inconsciente.

La primera vez pensé que era una pesadilla.
Pero, a medida que volvía, me di cuenta de que aquello era otra cosa.

No es fruto de mi imaginación descontrolada.
Sino algo más parecido a una parte de mi naturaleza.

Algo que reside en la profundidad.
Latente. Silencioso.
Y tal vez… peligroso.

El lobo está solo.
Y es peligroso.

Sin embargo, se revela asustado. Huye de algo. Está atrapado en la densa oscuridad del bosque.

No tardé mucho en darme cuenta de que yo estaba dentro del lobo.
Sentía sus jadeos, su respiración nerviosa, su estado de alerta.
Sentía su naturaleza salvaje, pero apagada.

Y la visión comenzó a hacerse cada vez más recurrente.
En estados de vigilia.
Incluso durante el sexo.

Llegué a tener miedo de este animal.
Y no sé exactamente por qué.
Porque nunca se mostró amenazante.
Al menos, no conmigo.

Ahora he vuelto a casa.
Después de muchos años, vuelvo a mirar el bosque a lo lejos.
Y algo dentro de mí quiere entrar. En esa noche. En esa oscuridad.

Encontrarme con esta criatura frente a frente.
Y comunicarme con ella.

“¿Qué sabes tú que todavía yo no sé?”
“¿De qué huyes?”
“¿Qué necesitas de mí?”

Tal vez no me conteste.
Tal vez las respuestas aparezcan solas.

O quizás me dé cuenta de que, después de tantos años huyendo, ha llegado el momento de reconocer algo: que ese lobo no es otro animal.

Soy yo.

Quizá huía de mi propia naturaleza.

De mi deseo.
De mi agresividad.
De mi creatividad.
De mi ambición.
De mi fuerza.
De mi autonomía.
De mi sexualidad.

Una presencia solitaria y poderosa que permanecía en la sombra, esperando ser liberada.
Reconocida.
Integrada.

Una forma de presencia instintiva que no depende del grupo.Y entonces me pregunto:

¿Por qué ahora siento este deseo tan fuerte de adentrarme en el bosque?

Si ese lobo soy yo, no necesito atraparlo.
Entonces, ¿qué tipo de poder estoy buscando?

Tal vez no esté buscando ningún poder.
Tal vez simplemente haya reconocido que ese poder es mío.
Que siempre estuvo ahí.

Y por eso quiero ir a su encuentro.

No para dominarlo.
No para domesticarlo.
Sino para abrazarlo.

Porque quizá integrar al lobo significa poder entrar y salir del bosque.
Y descubrir que la oscuridad ya no oculta nada.

Que aquello que durante años me asustó no estaba ahí para destruirme.
Era una parte de mí.

Ese gran poder soy yo.


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